Siempre es un lujo y un privilegio poder asistir al debut oficial en directo de una banda o solista. “Yo estuve allí”, diremos en el futuro. Este fue el espíritu que sobrevoló sobre la sala Dime Que Me Quieres el pasado jueves 23 de julio. Un publico familiar y muy afín -en el que destacaba parte del colectivo que anima los micros abiertos de las noches madrileñas- llenó el local de un ambiente que arropó a la joven cantautora conocida como InBetween.

No sabíamos muy bien qué esperar de una propuesta revestida de cierto misterio, ya que la promoción previa evitó la difusión de imágenes o una información detallada que redujera el atractivo de lo desconocido. A la hora de la verdad lo que nos encontramos fue una sorprendente propuesta de cantautora que de inmediato nos recordó a la norteamericana Suzanne Vega (‘Luka’) y al español Javier Álvarez (“La edad del provenir”), aquel que a mediados de los 90 fue punta de lanza de ese nuevo movimiento en el que también estaba Ismael Serrano.
Inbetween recupera aquella frescura y sofisticada sencillez de los nombres citadas sin seguramente conocerlos, ya que la fecha de su DNI apunta a quizás otras influencias e inspiraciones. Resultó fascinante comprobar que tan pronto interpretaba sus propias composiciones (“Nostalgia”, ‘Choke in smoke’, ‘Clementine’, “Será distinto” o “Quien solía ser”) como aderezaba su recital con versiones totalmente inesperadas, como la inicial ‘Wish you were sober’ -de Conan Gray-, ‘Iris’ -de Goo Goo Dolls-, el clásico de Alphaville ‘Forever young’ -una canción que sigue conmoviendo a cualquiera que la escucha-, ‘Vienna’ -de Billy Joel-, el bis de ‘Champagne Supernova’ -de Oasis- o esa prueba de fuego que es llevar ‘Steal my girl’ de… ¡One Direction! a la intimidad de una velada acústica.
Indiscutiblemente, Inbetween ha escuchado mucha y buena música y no sigue los patrones de la canción de autor al uso. Va por libre y no tiene que pasar ningún filtro de normatividad. El pequeño escenario lo adornó con algunos detalles que recreaban una habitación o espacio más recogido, al hilo de un concepto único que habría de presidir el concierto, el de la nostalgia, que resulta chocante (aunque perfectamente válido) si consideramos la joven edad de la vocalista y guitarrista.
La debutante disfrutó la experiencia de forma muy emocional gracias al cariño de su audiencia y el apoyo de algunas buenas amigas, como Silvia Ona -con la que compartió dos veces la interpretación de un mismo tema- o su representante artística Itzíar Cebrián. Entre las cerca de setenta personas que adquirieron su entrada pusimos ver a la periodista musical Jess Cristóbal y el cantante Diego Cabello, ex de Zisne Blanco, que acaba de estrenarse en solitario.
En medio de un verano en el que Madrid ha tenido que soportar la normalización y validación social de la “música chatarra” (Residente dixit), fue un alivio comprobar que el arte de la canción sigue calando en nuevas y variopintas generaciones. Esa noche hubo magia entre las paredes del Dime y bastó una hora de música en directo para comprobar que hay que seguir la pista a Inbetween, quien obviamente a partir de ahora habrá de afrontar un nuevo y fundamental reto: presentarse en vivo ante quienes no la conocen y ha de ganarse para la causa con su sensibilidad a flor de piel.
Como creadora de músicas y letras con firma propia no hubo por su parte ñoñería, autocomplacencia o ese victimismo y a veces incluso tristeza tan asociadas a quien agarra una guitarra para contar las cosas que le pasan por la cabeza y siente en el corazón. Ese estado de gracia no dura eternamente porque su lógica es la de la evolución, por lo que se hace perentorio seguir de cerca a In Between en estos primeros pasos profesionales. Suerte con el empeño, que aquí hay madera de artista.
Leo Cebrián Sanz









