POR TODAS Y CADA UNA DE LAS PORTADAS

Puede que no sea lo realmente más importante a la hora de determinar la calidad de un trabajo musical. ¿Puede? No, seguro que no lo es. Pero hay que reconocer, que, los que venimos de aquellas hordas de amantes del rock que nos comprábamos vinilos con sus respectivas carpetas, sabemos del valor que tiene una buena portada. En mi caso, por ejemplo, a la hora de recibir una propuesta para la portada de mis libros por parte de la editorial, siempre –otra cosa es que lo consiga– intento que la persona que lleva a cabo tal tarea capte la idea principal, porque es lo primero que va a entrarle a los lectores por la vista. Que refleje y contenga relación con la trama argumental. En ese aspecto, me considero un afortunado por ese buen hacer por parte de los que han llevado a cabo esa tarea, al Cesar lo que es del Cesar… y para ellos mis enhorabuenas.

Seguramente, seamos muchos los que añoramos aquellas ilustraciones que eran obras de arte, sí. A mí, el tema de los retoques digitales y demás, no es que me haya abierto un mundo, más bien me ha cerrado la imaginación; porque, al igual que las producciones de estos trabajos musicales, han evolucionado tanto de cara a una perfección, que, miméticamente conducen sin frenos hacia una despersonalización de esas obras.

Es evidente que el tipo de portada también define o anticipa el estilo de la banda. Eso, ahora que está al alcance de todos el realizar una escucha para saber por dónde van a ir los tiros, o, mejor dicho, los acordes, ya no cobra tanta relevancia como en el pasado; que, según el estilo de la portada, intuías la cornisa vinílica por la cual iba a transitar la aguja del tocadiscos. Si te ibas a caer del Trash Metal al Punky, pasando por el Rock Duro clásico,o por el contrario te estrellabas contra el muro del Death Metal o el Doom.

Existen portadas que han tenido mucha más importancia a la hora de complementar la calidad de los trabajos musicales de lo que se cree. En este apartado, iba a citar unas cuántas, pero no, voy a ser egoísta –aunque sólo sea por una vez– y dejarme llevar por mis gustos personales, a la vez que también por el impacto que tuvieron en mi vista e imaginación.

Si hay que elegir, sin duda, sería de recibo darle una mención especial a una portada de Iron Maiden; concretamente a la de “Somewhere In Time” (1986). Por todos los guiños que en ella se congregan, fruto de la imaginación y el buen hacer de su creador Derek Riggs. Observar esa portada durante unos largos minutos sigue siendo una delicia para la vista y un acicate al ingenio. En esa carpeta se hace referencia a temas relacionados con la banda como que salga el mítico club Marquee, un sitio con gran importancia en la banda. También que el reloj marque las 23:58, que evidentemente, se debe relacionar con el tema del anterior disco (“Powerslave”) “Two Minutes To Midnight”. O que el nombre del restaurante sea: “Ancient Mariner”, en clara alusión al extenso epílogo sonoro del citado disco. Y por decir una más entre tantas curiosidades: que en el luminoso de neón se lea “Maggies Revenge”. Ese letrero que se encuentra sobre la banda y que señala directamente y con el dedo a la primera ministra británica de aquel entonces Margaret Thatcher.

 

 

La verdad es que resulta un trabajo harto complicado el realizar un análisis de las portadas que este artista (Riggs) realizó para la banda, porque tanto en “Seven Son Of A Seven Son”  –qué gran disco, para mí el mejor de ellos– como en “Powerslave” o ”The Number Of The Beast”, quedan plasmados esos datos que aluden a algún momento o documento importante y relacionado con Iron Maiden. Y eso, es lo que tenía antes de mágico el adquirir un disco de estos siendo un adolescente; que, entre canción y canción, la imaginación volaba también visualmente. Porque los sonidos van relacionados con la imagen también, no lo olvidemos.

Yo no creo que una mala portada desmerezca un trabajo musical, porque si no… no me hubiesen gustado tanto los primeros de Accept. E incluso, algunos discos de sus compatriotas Scorpions, que desconozco ahora mismo si compartían al mismo portadista, pero… las hay que son más feas que pegarle a un padre con un calcetín sudado. Aunque, por el contrario, ahí han quedado para la posteridad portadas tan icónicas como algunas de Alice Cooper, Metallica, Anthrax, AC/DC (insuperable en cuanto a simpleza y significado la del “Back In Black”).

En los detalles, también se encuentra el “Abbey Road” de The Beatles, como un punto referente y muy dado a las leyendas que a raíz de su publicación nacieron, pero eso, lo dejaré para otra entrega mejor.

Lo dicho: lo importante está en el interior, por supuesto, pero una buena portada, siempre es un plus cuando de un trabajo musical o literario se trata. Porque, con el tiempo, esa obra logrará perpetuarse en la inmortalidad que le ofrezca el material o soporte sobre el que yazca, pero si además, nuestro cerebro la logra asociar a las primeras de cambio a una imagen… mejor que mejor.

For Those About To Rock. We Salute You.