Rock, burocracia y profecías de Zager & Evans 1969 o Barón Rojo 1985

Allá por el año 1985, Barón Rojo en su canción ‘Breakthoven’ ya escribía sobre los altos poderes de una sociedad clasista que se las daba de moderna aun cuando seguía anclada en el más rancio pasado. En esta canción aparece un paralelismo inevitable con la actualidad:  es una canción que escupe a la cara del purismo, rompe los moldes venerados por “los guardianes del arte clásico” y reclama que la cultura debe liberarse de quienes la encierran en vitrinas de cristal. ¿Hace falta decir más?

La carta institucional de respuesta de la universidad parece escrita precisamente por esos guardianes: los que tiemblan cuando el rock pisa su terreno, los que creen que la cultura contemporánea solo trae caos, los que preferirían que el campus fuera un museo de normas fijas, sin electricidad, sin amplis y sin futuro.

La canción de Barón Rojo comienza así:

Navega por ahí un tipo original
que dice ser genial
y quiere profanar con música de rock
el templo del Real
Tiene talento creador
pero le tachan de vulgar
porque defiende que en el rock
hay un mensaje cultural
Dice que el gran Beethoven hoy tocaría rock
Aunque le ataquen mantendrá su opinión
Hay que romper
falsos mitos…

 

 

Por otro lado, en la famosa canción ‘In the Year 2525’ de Zager & Evans que se publicó en el “año del señor de 1969”, se imagina un futuro donde la humanidad se deshumaniza lentamente: no piensa, no siente, no decide… todo lo hace una máquina.

Sorprendentemente, la reciente respuesta del “gabinete de prensa” de la universidad a la actividad “Una Historia del Rock”, que se celebró el pasado 27 de noviembre del “año del señor” de 2025 -por cierto, el aula magna que nos fue asignada con capacidad para más de cien personas estuvo casi llena y no sólo con alumnos, también con algunos profesores y personas ajenas a la universidad-, parece escrita desde ese mismo futuro distópico. Esta casi podría ser una estrofa perdida de esa canción:

En el año 2025…

Si la burocracia aún prospera,
no cubrirán tu actividad…
porque el rock aún les altera

El “gabinete de prensa” de la universidad, con su impecable frialdad institucional, se comunicó con “Una historia del rock” como si estuviéramos invocando a fuerzas oscuras; uno no puede evitar imaginar a un comité universitario reunido alrededor de una mesa de caoba, mirando el cartel del evento como si fuera un manuscrito herético recién confiscado por la Inquisición. Porque, por lo visto, para la universidad, el rock sigue siendo ese ente sospechoso que amenaza la salud moral, la estabilidad emocional y, quién sabe, quizá hasta los cimientos del rectorado.

La comunicación, con su tono impecablemente administrativo, explica que no pueden “cubrir” la actividad porque gestionan “un volumen muy elevado” de eventos. Eso sí, no especifican si entre esos eventos se incluyen congresos trascendentales como “La influencia del polvo en los archivadores de anillas” o “Jornadas de Observación del Silencio en Bibliotecas de Baja Intensidad”. Actividades, sin duda, de un especial interés institucional.

Uno no puede evitar recordar la profecía apocalíptica de ‘In the Year 2525’ de Zager & Evans. Porque, seamos sinceros, la carta suena exactamente así: un futuro distópico donde la institución académica sigue anclada en el mismo barro conceptual desde hace siglos, que no cubrirá la actividad porque hay “demasiadas” y no pueden atender todas. Aunque curiosamente es una actividad que patrocina la misma universidad y con la que se pretende, entre otras cosas, abrir ésta a la sociedad para que sea partícipe de actos académicos. Tan lógico como triste: suena exactamente igual que una profecía de Zager & Evans, pero sin música y con más sellos administrativos.

 

 

Parece ser que para ciertas mentalidades universitarias -esas que todavía creen que Elvis era un enviado de Lucifer para hacernos mover las caderas—, la cultura rock no es una forma de pensamiento ni una expresión artística, sino un peligro: un caballo de Troya cargado de guitarras distorsionadas, rebeldía y, lo más terrible de todo, emociones humanas.

Parece que este “gabinete de prensa” quiere “proteger” a la institución con algo que no haga ruido. Algo que no despierte a las generaciones que vienen pisando fuerte, con ideas nuevas y, horror supremo, con amplificadores.

Porque claro, ¿qué podría aportar el rock a una comunidad universitaria?

Historia social, movimientos culturales, estética, pensamiento crítico, evolución tecnológica, no violencia, convivencia y trabajo en grupo, libertad de pensamiento, convivencia y respeto en la naturaleza, transformación de generaciones… ¡Bah! Minucias. Mucho mejor seguir proyectando diapositivas amarillentas sobre el Renacimiento, no vaya a ser que los estudiantes descubran que la cultura sigue viva fuera de los muros institucionales.

Y así sigue nuestra particular canción construida a raíz de este desprecio:

En el año 2035…

Si la guitarra aún sobrevive,
seguirán pensando que el rock
es para espíritus subversivos.

Porque parece que para algunas mentes académicas el rock sigue siendo un arte sospechoso: demasiado libre, demasiado joven, demasiado… vivo. Una música que despierta lo peor para cualquier burocracia: emociones, curiosidad y -horror absoluto- creatividad.

En el año 2045…

Si la universidad no se descalcifica,
verá la cultura popular
como algo que la mortifica.

La institución promete valorar actividades “de especial interés institucional”. Frase que, traducida, significa: “Mientras no nos incomode, hablamos de lo que quieras”.
Zager & Evans lo habrían entendido perfectamente: es como cuando en la canción dicen que en el futuro ya ni los pensamientos serán nuestros. Aquí pasa igual: la cultura aceptable es la que no desafía ninguna comodidad.

En el año 2525…

Si todavía está en pie la Facultad,
quizá descubran que el rock
no era una calamidad.

Quién sabe: tal vez dentro de cinco siglos encuentren una guitarra en las ruinas del campus, la soplen un poco, la examinen con pinzas y decidan que, después de todo, aquello del rock quizá sí tenía “interés institucional”.

Para entonces, claro, ya será arqueología sonora. Perfecta para una exposición que inaugurarán con un silencio sepulcral… no vaya a ser que el espíritu rebelde del blues se desate y arruine la inauguración oficial.

 

 

Conclusión profética

Zager & Evans imaginaron un futuro donde la humanidad pierde su esencia. Algunas universidades, viendo cómo tratan la cultura rock, parecen haberse adelantado varios siglos a ese pronóstico.

Porque lo que realmente molesta no es el rock. Es que el rock recuerda que la cultura vive fuera de los despachos, que la creatividad no pide permiso y que ninguna institución, por antigua que sea, puede encerrar lo que nació para sonar libre. Si esto es peligroso… entonces ojalá siempre lo sea.

El rock seguirá vivo.

La pregunta es:
¿Lo estará también la universidad… o solo su burocracia?

Miguel Luis Carrasco Ramo 2025