LA CHISPA DE LA VIDA
Recuerdo escuchar a alguien, en sus últimos años de vida –debido a su edad– que: “al final… todo se resume en intentar ser feliz”. Y sí, ciertamente nos pasamos la gran parte de la vida buscando cosas que nos dejen esa huella de felicidad en el alma. Unas veces las encontramos, otra creemos que las tenemos, y sin embargo con el paso del tiempo, nos damos cuenta que los espejismos, en ocasiones, también se disfrazan y se vislumbran aniquilando sedes.
Por todo ello, cuando nos preguntamos cuál es el motivo por el que vamos sumando décadas con el Rock acompañándonos… puede que no hallemos una respuesta que englobe todos los estímulos y sensaciones que nos transmite, pero existe.
Da igual que seas un rockero de la vieja escuela, o un jevi de los que sientan cátedra (metalpacos inclusive), o un amante elitista del progresivo o lo sinfónico; un punk, trasher o hardcoreta. A mí, eso me da lo mismo. Porque todo aquel que viva la música con pasión se merece por ese mero detalle un respeto. Y cuando digo respeto, lo expreso con todas sus letras.
Para gustos… colores. Y a ver –que ya me voy por los cerros de Úbeda–, que podría poner ejemplos que dan vida a esa pasión por la música o diferentes expresiones culturales, y… sí, los doy, porque sé de esos casos: de gente como José Ramón “Kemapúas” o Leo Cebrián, que navegan por esos afluentes en los cuales no es tan fácil mantenerse a flote como lo hacen otros profesionales de grandes medios, perdón ríos. Y en infinidad de ocasiones, seguro que remontan como los salmones a contracorriente, fijo que sí.
Gentes inquietas, que organizan festivales de cine independiente, que filman películas que no cuentan con las inversiones millonarias de las grandes productoras. Bandas que se curran la badana en los locales de ensayo días tras día, semana tras semana, para intentar sacar cabeza y que sus canciones lleguen a un público. Y recalco lo de las canciones de autoría propia, porque, flaco favor, le están haciendo esa legión de bandas tributo al Rock. A este paso… entre todas lo mataron y él solito se irá a un rincón a morirse. En esto, no puedo estar más de acuerdo con lo que dijo acerca de estas réplicas Kutxi Romero: Deja de imitarme y cómprate una vida.
Porque no digo que no lo vivan, ni que no sientan esa pasión con lo que hacen, no… pero, a ver… en el arte, ya sólo el intentar crear algo es un acto digno de ser aplaudido y respetado. Porque no es lo mismo estar limando las neuronas componiendo una canción, escribiendo un libro, o pintando un cuadro propio… que copiar nota por nota el disco clásico de turno que en su día dejó su sello en la historia de la música, o transcribir párrafo a párrafo El Quijote… y quedarte tan ancho diciendo que lo acabas de escribir o versionear. Que no… que no es lo mismo.
Entonces, y ya para finalizar, haced como hago yo cuando me pregunto el origen de esta pasión que tenemos por la música y otras expresiones artísticas; pues, lo que hago, es mirar para atrás y verme plantado a las seis de la tarde de una primavera, de unos mediados ochentas, delante de un televisor, viendo un programa musical –sería “A Tope” o “Tocata”, no sé, mi memoria ya no profundiza tanto– en el que cuatro jovenzuelos provenientes de Iruña transmitían con un play-back bien animado más que cualquier cosa.
Al bajar a la calle –cuando los chavales éramos más callejeros que los semáforos– le pregunté a uno de los coleguillas, con el que compartíamos inquietudes musicales, qué le habían parecido los Barricada en la tele. Y me dijo algo que, define e incluye a todas las bandas, artistas, divulgadores, directores, escritores, etcétera. Me dijo: “Lo viven”, acompañado de un leve cabeceo que recalcaba su admiración, asombro y respeto.
Por lo tanto, seguid viviendo con pasión todo lo que hagáis, porque es la única manera de sentirse un poco más vivo.

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