MALOS TIEMPOS PARA EL ROCK
Hace poco, una de esas dos neuronas a la que mi poco tiempo libre -por no decir ninguno- ha mantenido secuestrada en el zulo de la expectación y el teclear de letras aplazadas, me vino de madrugada a susurrar al oído que dejo descansar -sí, yo duermo con auricular y… una parte de mi cerebro lo sufre-, soltándome una frase tan escueta como lapidaria: “Corren malos tiempos para el Rock”.
Al despertar, y tras comprobar que el Ipod se había dado unas cuantas zancadas a la lista de álbumes que almacena, no me pude quitar de la cabeza dicha frase neuronal. Y fue al llegar a casa, tras la jornada, cuando con la ayuda de mi vena reflexiva la monté en la montaña rusa de los pensamientos y así, dándole vueltas, pude ir un poco más allá y discrepar incluso.
“Los malos tiempos para el Rock” yo creo que han sido una constante desde el nacimiento y posterior crecimiento de su árbol genealógico de estilos. Vale que ahora mismo los avances y nuevas tendencias le han restado importancia y pureza, pero sólo a nivel mediático.
Está claro que como todo arte –el rocanrol es un arte que cantaba Rosendo en sus Leño-, su época dorada quizá sea en la que se juega más con el ingenio y no tanto con los avances técnicos, eso es innegable. A mí, por lo menos, cada vez que escucho el ‘Sabotage’ de Black Sabbath -por decir uno- y pienso que ese sonido lo creaban en 1975, o lo que bandas como Pink Floyd eran capaces de parir en cuanto a universo sonoro, pues qué queréis que os diga… que pudiera ser verdad que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero si nos entregásemos al condensador de fluzo y volviésemos al pasado cual Marty McFly, seguro que nuestra opinión seguiría siendo también algo negativa en cuanto a reconocimiento y status de ésta, nuestra música, la que nos hace respirar.
Yo, que me considero muy abierto de orejas y que pese a que entre los mares del Rock en el que suelen faenar mis tímpanos -del sinfónico al urbano y hasta el extremo-, afirmo sin rubor alguno que jamás le he hecho ascos a escuchar otros estilos. Más que nada, por eso de poder decir con un total convencimiento aquello de “No me gusta, pero nada”, y de tal forma, confirmar que hay mucha bazofia estilística en cuanto a lo musical se refiere, copando cuotas de pantalla sin disimulo alguno. Y claro, cuando le toca el turno a algún artista o banda de Rock, se tiende a volver por parte del entrevistador a los tópicos. Son esos gestos y frases que el garrulismo del Rock y del Heavy han dejado por parte de algunos como una lacrada herencia; que luego nos quejamos, pero tenemos lo nuestro también… ¿eh?
Bueno, que con tanto tiempo sin dar la vara se me ha ido por las ramas la idea principal -le lanzo la liana “tarzaniana” más fiable para que vuelva-… A lo que iba, que buenos tiempos para el Rock no han sido ni serán. ¡Y ojo!, puede que por eso se haya mantenido vivo, como un acto de dignidad y resistencia, por aquello del instinto de supervivencia y por toda una legión de fieles que nunca se han dejado llevar por las modas, o por los ciclos de la vida que te dictan desde la sociedad lo que hay que escuchar.
Así, tal cual… tan solo aguardo a que la próxima vez que mi neurona insomne me venga a visitar el oído desnudo, espero que me suelte algo más coherente, porque los malos o buenos tiempos del Rock los marcamos nosotros mismos también: corriendo a escuchar esos discos -clásicos y actuales- tras llegar a casa o en el coche, yendo a los conciertos en vivo que se pueda y siempre con ese espíritu inquieto por descubrir a una nueva banda que se deja las horas en su local de ensayo con algo de frescura para nuestro disfrute.
Por lo tanto, me vuelvo a rebozar entre el cancionero favorito y cito de nuevo a los Leño: “Que no se vende el Rock and Roll…” y… hasta otra entrega camaradas.
P.D. Por cierto, ahora que la Policía Nacional ha determinado que el “No Hay Tregua” de Barricada tiene que dejar de sonar por los altavoces del Sadar antes de que Osasuna encare las segundas partes… no habrá por ahí alguna institución -lo siento, pero los cuerpos policiales no me inspiran…- que ponga en su sitio a ciertos “artistas”, que entre “perrea, perrea” enarbolan la bandera del machismo más rancio en sus letras. Que… siempre pagan los mismos, y si no que le pregunten a S.A.
Pues… así está el panorama, y así… mi neurona -la que sí duerme- lo ha intentado explicar, entre párrafo y párrafo de otra parrafada.
SALUD Y ROCK AND ROLL.
Juan Álvarez “El Letrastero”

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