QUE NO LO ENTIENDO
Mucho se está hablando en estos últimos años sobre la Inteligencia Artificial, sus peligros y demás. La verdad, es que mi postura se está volviendo un poco distante con todos estos aspectos y “avances”. Sí, lo tengo que reconocer, me asustan. Admito que se escapan de mi comprensión tantos progresos, como ya expresé en un artículo anterior, en el que hacía referencia al uso, o mejor dicho, abuso del Autotune. ¿Me estoy quedando atrás? Me suelo preguntar yo mismo en innumerables ocasiones. Pues creo que sí. Y me estoy rezagando -no sé si esto es grave o no-, de manera voluntaria. Creo que, tal vez, tanta precisión, tanta perfección… ese afán por querer revivir a artistas mediante un avatar, etcétera… me llega a crear tan poco entusiasmo, como cuando acudo con mi coche a esa cita anual que tenemos -mi bolsillo también se apunta- con la ITV.
Aprovecho para decir que, lo del avatar de Ronnie James Dio me pareció uno de los capítulos más ridículos en la historia del Rock. Y ya no por ese afán económico de estirar el chicle, sino por respeto, ya que el artista había fallecido años atrás. La guinda, la pusieron los que se subieron al escenario flanqueando a ese avatar. Resultó penoso, francamente. Sí, lo sé, hay que pagar facturas, pero… que encima se ofreciesen a tal ridículo algunos de los músicos que le acompañaron en su carrera, y a los cuales servidor, les profesaba un respeto y admiración, me sorprendió, y no positivamente. Don´t talk the strangers… mi admirado Ronnie. Allá donde estés. Pero jamás… reflejado en un avatar. ¡Por favor!
No sé, pero creo que en el tema de la música, y concretamente en el mundo del Rock, que es lo que más nos interesa, ¿para qué mentir? Se nos está yendo un poco la olla. Qué decir sobre esas despedidas rimbombantes que luego son un hasta luego Lucas; lo cual se traduce que, en un par de años, como mucho cinco… volverán a la arena, y nosotros a las taquillas. ¿Por qué? Porque somos débiles y al final caemos en la tentación de lo que nos gusta.
Está claro que esto es un negocio. Siempre lo ha sido. Los músicos tienen que vivir. Y nosotros, gastar ese dinero que tanto cuesta ahorrar con la ilusión y el gusto que desde la adolescencia hemos tenido. Lo dice uno, que una tarde de junio, con doce años contó toda la calderilla en pesetas que guardaba por su habitación y corrió a por una cinta de cassette que estaba rebajada, concretamente el “Rising” de Rainbow. Me hubiese gustado haberme comprado evidentemente el “Turbo” o el “Somewhere in Time”, pero no me llegaba. Y adquiriendo esa grabación del año 1976, no percibía, ni mucho menos, la sensación de que los de Blackmore me estuviesen timando.
Como tampoco lo sentía cuando iba a los conciertos a finales de los ochenta y principios de los noventa, y que según entrabas (y te atrevías…) te acercabas más o menos al escenario. Calcular el peligro y la integridad física se medía en pasos. Ya cuando vi que Metallica tenía la fatal idea –para mí–, de incluir el foso de las serpientes en sus shows, me rechinó un poco la idea. Tanto pagas, tanto te aproximas. La condición de ROCK-VIP era ya una realidad. Ya, lo sé; más de uno pensará que si pudiéramos o estuviésemos dispuestos a pagar esas cantidades por ver a pie de escenario a la banda opinaríamos de forma distinta. Pero no, no van por ahí los tiros. Estamos en contra del capitalismo ¿no? Pues lamento informar que… el capitalismo llegó al Rock hace décadas, pero actualmente lo está devorando, como con todo.
Vivimos en una sociedad que va a un ritmo que no es normal. Las compañías ya medio imponen, por no decir que obligan, que las canciones no superen los cuatro minutos y que el estribillo llegue lo antes posible, porque el oyente no está para perder el tiempo, ni ellos dinero.
Pues no sé, pero si esto es el progreso… yo me bajo del vagón de un salto y en marcha; agarrando bien fuerte por el asa el botiquín de primeros auxilios con la mano, pero me tiro, sin pensármelo dos veces. ¿Por qué? Evidentemente, porque a mis casi cincuenta años, estoy más cerca de aquel chaval que corría a Discos Martin’s con sus monedas tintineando en el bolsillo, en busca de aquellas cintas con la etiqueta de precio rebajado (Nice Price ¿Os acordáis?), que de esas hordas de seguidores, algunos en pro del postureo, que con tal de hacerse el selfie con Hetfield de fondo, dando caladas a un caliqueño, ajeno a todo, pagan lo impagable.
Hace poco, escuché que, debido al cambio climático y demás aspectos por los que el planeta se está yendo a… al garete, con el ser humano incluido en el pack, claro; los osos, ya no saben exactamente el momento en el que tienen que hibernar. Por lo visto, los daños propiciados por el cambio climático desconciertan alarmantemente a estos mamíferos omnívoros, ante ese abandono necesario a su sueño invernal. Puede que se encuentren más desorientados que yo ante el futuro musical que viene impuesto. Puede ser que sí.
¡Dale al redoble Cozy! Necesito ese “Stargazer” más que nunca

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