«Lili», primer cantante de Sangre Azul: «Nuestro manager era un vende bragas»

28 / 05 / 2023

Mientras Rockola se llenaba de modernos y trasgresores que copaban todas las portadas y ondas de la época, muchas bandas se encerraban en sus locales de ensayo hasta altas horas de la madrugada. En la mayoría de los casos eran casas bajas y viejas con las paredes cubiertas con cartones de huevos, donde compartían el equipo con otras bandas amigas.

De ese entorno paralelo de la sobrevalorada «movida» surge nuestro invitado. Sobran las presentaciones. Siempre será «el rey de la ciudad», pero no quiero charlar ni me interesa en esta ocasión qué opina o me cuenta “Lili”. En este inteRockgatorio quiero conocer y que conozcáis a José Ignacio.

Cuando lo conocí personalmente, él mismo se presentó y me dijo: » Hola, soy “El Lili”… o lo que queda de él». ¿Qué queda de “Lili”?

 “Antes de nada…, que luego se me olvida, que me conozco. Me gustaría darte las gracias por la entrevista y agradecer también al público que me sigan teniendo en su recuerdo, a pesar del tiempo transcurrido desde aquellos irrepetibles años 80. Después de eso he pasado bastante desapercibido en las cosas que he ido haciendo a ratos. Y respondiendo a tu pregunta, «El Lili» es un mote o apelativo que antecede a mi llegada al mundo del Rock y que lógicamente ya formaba parte de mí y ahí se quedó.

No creo que haya casi ninguna diferencia entre «El Lili»  y José Castañosa  «Lili» nunca fue un personaje que diferenciase  a la persona del artista. Ambos somos uno parte del otro y el otro parte del uno al cien por cien; es más, antes de que “El Lili” formase parte de mí yo ya era un artista que había probado la droga escénica. La primera vez que pisé las tablas fue en el cole cantando un villancico y a partir de ahí ¡¡me enganché pa siempre!!”.

 

No le voy a dar muchas vueltas a las preguntas. Disparo. ¿Cómo es posible que un tío con esa planta, esa voz y ese talento se quedara donde se quedó? Lo digo porque me da la sensación de que dejaste muchas cosas a medias.

“Eso mismo me lo he preguntado yo miles de veces. Creo que fue un compendio de cosas. La primera, mi carácter de rebelde sin causa y con causa, que me llevó a la guerra con los locutores y las oficinas de contratación e incluso con algunos músicos del panorama rockero. La segunda, que a pesar de que me tocó vivir posiblemente la mejor de las épocas o por lo menos una de las mejores…, el panorama nunca pintó bien para tocar el cielo. Los managers eran un puto desastre, ya que tenían en su oficina de contratación demasiados grupos a la vez, sin profesionales que se dedicaran a cada uno en exclusiva. Eso sí, se llevaban el 20% del caché bruto del grupo y eso de que el grupo cobrase su caché muchas veces era una utopía.

Por otro lado, las emisoras. Cara a la galería parecía que promocionaban a los grupos de forma limpia y desinteresada y que sus locutores iban de «guais», cuando en realidad se convirtieron en promotores de eventos al ganar más. En esos eventos sólo ganaban pasta ellos.

Las compañías de discos eran nuestros mejores enemigos. En fin, que la portada era muy bonita, pero la canción era una mierda y yo siempre me rebelé ante eso, hasta en contra de los propios miembros de los grupos de los que formé parte. Nunca he servido para chuparla, con lo cual mi voz y mi talento nunca me sirvieron para nada y los desperdicié en gritar a los cuatro vientos las verdades que a nadie sentaban bien, con lo cual pasé a ser una especie de proscrito más incómodo que rentable”.

 

¿José, qué opinas de “Lili”?

“En ocasiones el personaje se come a la persona. En mi caso «Lili“ es tan sólo un mote. Somos la misma persona. “El Lili” es más del barrio y José es más de casa, pero somos la misma persona, si bien es cierto que «El Lili» es de alguna manera mi otro yo. A mí me cae bien, es un tipo con morro, divertido, despreocupado, cachondo y ocurrente”.

 

¿”Lili”, qué opinas de José?

“Es buena gente igual que yo. Él con los años se ha ido reposando, sin perder por ello su rebeldía innata. Ahora está más tranquilo, más sereno. Se ha vuelto más analítico, aunque tampoco mucho, y sobre todo sigue siendo tonto porque no sabe dejar de ser buena gente”.

 

¿Cuántas cicatrices tienes en la espalda? Ya sabes, puñaladas traperas. ¿Alguna especialmente dolorida por inesperada?

 “Lina, mi madre, siempre decía que de bueno que soy, soy tonto del culo, que no sé callarme y eso me pierde. Y así es, sigo siendo igual y no creo que tenga remedio lo mío, je, je. A lo largo de mi vida he sufrido un sinfín de puñaladas, entre ellas una física que tengo en la pierna, que me la dieron de frente y conseguí que no me la dieran en el estómago. Las demás han sido todas por la espalda, pero siempre he sabido lamer mis heridas y volver a la lucha.

Si no fue en el Rock como cantante, fue en el Rock como empresario de negocios de copas y vinculados con el Rock. Ahí no estuve fino. Debería haber diversificado y haber montado una oficina de contratación de grupos como Dios manda y haberles demostrado a todos que se pueden hacer las cosas bien cuando se quiere y se sabe hacerlas. Pero no lo hice, me pilló prendiendo fuego a las luces de neón de todo Madrid.

En cuanto a la puñalada más dolorosa, sin lugar a dudas en lo artístico fue la de los chicos de Sangre Azul, cuyo nombre por cierto se me ocurrió a mí y siempre fue de mi propiedad a nivel de registro, aunque yo nunca les impedí usarlo después de que yo me fuera del grupo.

Y en lo personal, sin duda alguna la que me dio una puñalada trapera casi de muerte fue quien fuera mi pareja y socia en los locales de ensayo El Lago. El nombre y la creación del negocio eran íntegramente míos, je, je, je. De pronto me vi sin medio de vida y denunciado falsamente por maltrato, por no querer seguir siendo pareja de quien fuera mi socia. Afortunadamente me declararon por dos veces absuelto, pero por el camino ella hizo un alzamiento de bienes y yo me quedé en la calle con casi cien mil euros de pella con los bancos y sin empresa”.

 

¿Cuánta gente se arrimó al “Lili” en su día y se olvidó de José con el tiempo?

 “Los amigos siempre se ha dicho que se cuentan con los dedos de una mano y a mí me sobra algún dedo de los cinco. Dado que “El Lili” y José siempre han sido la misma persona, el 99,9 % salieron como las ratas del barco cuando el barco se hunde, de lo cual me alegro. A la vez dejaron de existir para mí en una incomprensible decisión por mi parte, producto de una naciente capacidad de análisis, sensatez y cordura que surgió en ese momento y que sigo aplicando a fecha de hoy, aunque como he dicho antes sigo siendo incapaz de dejar de ser un rebelde con causa y sin causa”.

 

Visto con la frialdad que da el tiempo y la madurez, ¿de qué te arrepientes?

“Uff, me arrepiento de muchas cosas y a la vez de ninguna. Siempre he dicho que yo soy un estrellao del Rock y también de la vida, pero he aprendido a vivir con lo que tengo en los bolsillos. Nunca he querido ser una estrella del Rock. Siempre he preferido ser un currito del Rock y no depender de nadie, no sólo a la hora de cantar, sino a la de componer melodías y escribir letras de canciones, aunque siempre he sido algo perro para aprender a tocar algún instrumento.

Por otro lado, en los últimos tiempos Murphy parece haberse quedado a vivir conmigo y detrás de una ha venido otra. Afortunadamente he superado un par de recientes operaciones de cuerdas vocales a raíz de un accidente y también he tenido que arreglarme el comedero, je, je, je. He conseguido volver a cantar como en mis mejores tiempos, pero con más técnica, canas y ganas. Los seres humanos deberíamos nacer enseñados, a full de experiencia e ir desaprendiendo con el paso de los años. Eso sería más práctico que el cruce que supone pasar de la ignorancia de la juventud a la sabiduría cuando llegamos a la vejez, porque eso hace que cometamos muchos errores. Y a todos nos ha pasado. No sirve de nada arrepentirse”.

 

¿Crees en Dios?

“No soy creyente a nivel religioso. Creo en el ser humano, creo en el universo, creo que no tenemos ni puta idea de qué va esto y que por eso los seres humanos necesitaron crear un Dios y tal vez exista, pero creo que eso no lo sabremos hasta que estemos muertos y a lo mejor después de muertos tampoco lo sabemos.

Lo que sí que me parece una aberración y un pecado mortal es el culto ciego a cualquier religión. En nombre de las religiones se han cometido los mayores crímenes por parte de la humanidad. Yo prefiero creer en los seres humanos, en esos que se merecen el amor de un perro y de un gato. Los perros y los gatos saben más de nosotros que nosotros mismos. Ellos saben quién es un ser humano de verdad. Tenemos mucho que aprender de los firulais y de los michis”.

 

¿Y en el Diablo?

“Tampoco creo en él, pero parece ser que sí existe porque al diablo lo veo todos los días, está en todas partes, en las puñaladas por la espalda, en las leyes que no son de ley, en las falsas palabras, en las falsas caricias, en las falsas verdades, en las falsas promesas y en las falsas mentiras. A veces uno piensa si no estaremos ya en el infierno, o como mínimo en el purgatorio. El ser humano es el peor enemigo de sí mismo”.

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