NO HAY POCO ROCK N´ROLL
Cuando miramos hacia atrás con la pupila fijada en nuestro retrovisor opaco de introspectiva musicalidad, vemos como se alejan los recuerdos a modo de conciertos, trabajos musicales y demás aspectos que, durante décadas hemos ido disfrutando y acumulando en el saco de nuestra memoria.
En este país, el rock, siempre ha sido ese pariente al que se tilda de marginal antes ni tan siquiera de dejarle abrir la boca. Sabemos que incomoda a cierta parte de la industria discográfica, y… hablemos claro: al poder institucional. Porque, es evidente que la rebeldía a la que va unida desde que nació como género musical no es un plato de buen gusto para las mentas mecidas por el acomodo.
En este país, se ignora desde los grandes medios de comunicación al rock y a todas sus ramificaciones, no nos vamos a engañar. Desde el Heavy Metal al Punk, pasando por el Hardcore y otras variantes. Aquí se retira un músico como Rosendo, uno de los padres del rock peninsular y parece que se haya retirado Venancio el vecino del quinto, o Ramiro, el que toca en la charanga del pueblo el bombo. Apenas menciones, ni reconocimientos. Fallece otro de nuestros referentes: Boni (Barricada), y tiene más repercusión en los noticiarios cualquier reguetonero de verbo escaso y arte imberbe.
Siempre vamos a remolque. Lo cual no quita méritos a todos los que seguimos sintiendo algo muy fuerte por esas bandas que cantan unas letras que entendemos. El fenómeno Extremoduro es un ejemplo. En mi caso, los vi nacer prácticamente. He asistido a sus conciertos en todas las fases por las que han pasado: explosión, caos, madurez… etc. Y ciertamente, te pueden gustar o no, pero han influenciado a miles de bandas. Han logrado hitos que ya quisieran otros. ¿Y los grandes medios de comunicación dónde estaban? Pues con sus Rosalías, sus “triunfitos” y sus “voces”. Siempre y cuando el respectivo programa que los elige sea de su grupo editorial, si no… chitón y… hablemos de fútbol, porque ni del milenarismo. A pesar que, en este caso siempre fueron esquivos por parte de la banda con ellos.
A mi modo de ver, creo que el rock tiene derecho a un trato más digno, por todos. Sin embargo, el tiempo nos ha demostrado que música rock y poder no irán nunca de la mano… Malcolm Young nos libre. Pero al Cesar lo que es del Cesar, y qué menos que reconocer que esos artistas y bandas que durante años se han dejado la piel por cada ciudad y pueblo del circuito ibérico, suman mucho más a favor de la música que, toda esa ristra de productos sacados de un concurso en el que les aconsejan hasta la manera en la que deben de soltar sus flatulencias.
En lo que concierne al tema de las letras, habrá de todo, vale, pero en canciones de Los Suaves, Marea, Los Enemigos, Sínkope, etc… habita una prosa que respira con tal belleza y precisión, como en ocasiones clama por cualquier derecho arrebatado. Qué pena da el comprobar que Barricada ya tenían letras contra el machismo en los ochenta (“Mañana será igual”) y sin embargo, ahora muchas de las letras del reguetón dejan al género femenino por los suelos. Por lo tanto, ¿no es mejor que nuestros hijos se acerquen al rock? O les dejamos que aprendan los valores de Malumas y compañía.
Así que, a ese vecino que te mira tan raro cuando te lo cruzas camino de un concierto, soltándote sin reparo alguno eso de: “¿Todavía vas a conciertos? Yo creía que esos ya ni tocaban…”, mientras te mira de arriba abajo como compadeciéndote; contéstale con otro: “¿Todavía vas al fútbol? ¿No te has cansado de estar todo el fin de semana con el culo planchado delante del televisor? No te he vuelto a ver desde que has madurado en ninguna sala de conciertos, ni teatro, ni otro espacio cultural… ¿Estás bien?”. Haciendo énfasis en su madura evolución bajo los cánones que dicta el manual del perfecto ciudadano… entiéndase, el redil que conforma a la masa tranquila y sin ánimo de rebelarse contra todo aquello que sea considerado un acto injusto.
Tenemos una historia y algo que decir: que no se vende nada el rock and roll, que cantaban los Leño. Cuidemos de él… nuestro rock, porque nadie que seamos sus seguidores lo va a hacer. Mientras tanto, continuaremos «filosorockeando».
Juan Álvarez López “El Letrastero”









